viernes, 20 de noviembre de 2009

El poder de los pequeños detalles



Experiencia Starbucks

Algunas organizaciones empresariales ponen en práctica acciones que apuntan al bienestar de las personas que consumen sus productos. Se observa en ellas una dinámica organizacional que incluye planificación, control, evaluación, cortesía, estilo, calma y calidez, amalgamados con creatividad. Han puesto en el ojo de la tormenta el hacerse responsables de la felicidad del cliente al ser atendido y cuidado, y aquí se acentúa el cómo. Así, al relacionarse con sus públicos, aparecen las pequeñas sutilezas, que son las que en definitiva marcan la diferencia.
Para nutrir con una situación vivida, surgen aquí las personas, los hechos, el contexto y la "Experiencia Starbucks".
Maia y Pablo eran dos jóvenes que disfrutaban mucho de tomar café. Una noche cualquiera, en horas inoportunas, donde habitaba el olvido, ellos decidieron ir al cine a ver la película más taquillera del momento. A la salida caminaron por Palermo, por las calles de la melancolía. Decidieron tomar un café, pero no un café cualquiera, deseaban sentir el placer de disfrutarlo. El deseo se concretó en un lugar, en el que se le brinda al cliente una experiencia poco común. Los atendieron con cordialidad y paciencia, les preguntaron cómo se llamaban, lo escribieron en los vasos de café y una vez listos, los llamaron por sus nombres para consumirlos.
Y nace lo diferente, lo simple que cobra sentido de individualidad, reconocimiento y halago, despertar de sentidos en el intenso aroma y exquisito sabor; coronados por un delicado y cálido trato de cortesía, lleno de sonrisas. Y la magia del clima se esparce sutilmente, tomando el carácter de ceremonia, que gratifica a la pareja en su igualdad y otredad.
La noche va acabando y también la permanencia en la cafetería, en la que el encuentro se mediatiza por el famoso "cafecito", arquetipo de los argentinos. Transformó la vida de esas personas, en momentos únicos y perdurables, en la emoción del recuerdo. Maia y Pablo se despidieron del lugar hasta el próximo encuentro. No habrían de olvidar el agradable trato personalizado con el que fueron atendidos.
El poder de los pequeños detalles impacta, sorprende y deleita a quienes lo disfrutan (clientes), y potencia la imagen de quienes lo utilizan (empresa). El secreto, en ambos casos, reside en la sabiduría de su descubrimiento.

By Magalí Merodio





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